El lenguaje del poder por Jorge Cirio

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Prof. Jorge Cirio

“Tuvimos que venir a arreglar las cagadas del inútil, incompetente, imbécil de Kiciloff durante el gobierno de la corrupta”. Estas fueron las palabras del presidente Milei luego del fallo judicial de EEUU sobre YPF, revocando la sentencia a favor de los demandantes, ratificando la concesión de sentencia a favor de YPF.

Algunas voces tienen una visión diferente. Por ejemplo, la de Bernardo Saravia Frías, procurador de la Nación durante el gobierno de Macri: “Los argumentos no tuvieron signo político y permanecieron más allá de los cambios de gobierno. Y, al final ganaron. Este es el rol de una política de Estado”.

Hagamos un poco de Historia. El 14 de noviembre de 1993, se firmó el Pacto de Olivos (antesala de la reforma constitucional de 1994) entre Raúl Alfonsín y Carlos Menem. Fue un acuerdo de líderes y partidos políticos, que la Democracia argentina no volverá a experimentar.

Con el siglo XXI surgió el desprecio político, la descalificación de los rivales devenidos en enemigos. El Dogma se convirtió en el motivo de la negación del otro. “El que no está conmigo está contra mí”.

Ahora es peor. El presidente Milei, lo perfeccionó. Maltrata a los oponentes, a los que piensan distinto, a los periodistas que lo critican. Lamentablemente, parece que esto va a continuar, al menos hasta que en algún momento, la sociedad argentina reclame con mayor convencimiento, que vuelva la convivencia política, que las convicciones político-ideológicas sean expresadas sin insultos, que la tolerancia sea posible y no haya más discriminación por la forma de pensar.

George Orwell (1903-1950), seudónimo del periodista inglés Eric Blair, escribió en 1948 aquella novela distópica que la llamó, “1984”. La novela narra, en resumidas cuentas, el gobierno autoritario del Gran Hermano, quien sustentaba su poder en varios ministerios: el de la Paz, que se dedicaba a la guerra; el del Amor, que torturaba y eliminaba enemigos; el
de la Verdad, que difundía mentiras y noticias falsas; el de la Abundancia, que administraba la hambruna.

Para imponer aquella distorsión de significados, creó la Neolengua, que debía ser usada por los habitantes, a quienes sólo se les permitía utilizar una sola palabra para cada cosa. De esta manera moría la metáfora, la simbolización, la abstracción, y en definitiva moría el pensamiento.

En los tiempos actuales estamos en presencia de Democracias fallidas que son abiertamente despreciadas por gobernantes intolerantes, fanáticos, arrogantes, y con aspiraciones autoritarias, cuando no, líderes desquiciados.

El gobierno argentino, concibió semanas atrás la Oficina de Respuesta Oficial, “creada para desmentir activamente la mentira, señalar falsedades concretas y dejar en evidencia las operaciones de los medios y la casta política”, según su primer comunicado. Declarando además que la Moral es, en el gobierno, política de Estado. Esta oficina, quizás sea equivalente al Ministerio de la Verdad de Orwell o quizás fue copiada de la Oficina de
Respuestas Rápidas de Trump.

Indudablemente, así como están las cosas es imposible responder al lenguaje que emite el poder. El ensayista cordobés Luis I. García, lo dice mejor: “Responder al lenguaje del poder, es responder como si los disparates fueran argumentos, es haber cedido a su plan de locura planificada”.

A modo de reflexión final: el filólogo Victor Kemperer publicó en 1947 el libro: “LTI, la lengua del Tercer Reich” en el cual textualmente dice: “El nazismo se introducía más bien en la carne y en la sangre de las masas a través de palabras aisladas, de expresiones de formas sintéticas que imponía repitiendo millones de veces, que eran adoptadas por las masas en forma mecánica e inconsciente”.

Joseph Goebbels, ocupando el cargo de Ministro para la Ilustración Pública y la Propaganda, durante el Tercer Reich de Hitler decía: “Miente, miente, miente que algo quedará, cuanto más grande sea la mentira más gente la creerá”.

Kemperer analiza el idioma alemán convertido en una Neolengua que pervierte el sentido de nociones como: héroes, país, patria. Además hace uso habitual de superlativos como: el Mejor, el Más Grande. Se ocupa de la primacía de las emociones frente al intelecto. Usa el dualismo: el mundo Ario, es Bueno; el mundo no Ario, es Malo. Y utilizan la liturgia religiosa con ejemplos bíblicos.

Todo lo descripto en esta columna puede finalizar con una frase archiconocida: “Cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia”. Ojalá que nunca esa realidad sea pura VERDAD.

Profesor Jorge Cirio

7de abril de 2026

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