Una inversión estratégica para sostener la matriz energética
La central salió de servicio el 29 de septiembre de 2024 para iniciar un proceso de modernización integral que permitirá extender su vida útil por otros 20 años. Se trata de una obra clave dentro de la estrategia oficial de sostener la energía nuclear como componente estable de la matriz energética, en un contexto de creciente volatilidad internacional en los precios de los combustibles fósiles.
Tensiones internas y cambios en Nucleoeléctrica
Sin embargo, el proceso no estuvo exento de dificultades. La empresa Nucleoeléctrica Argentina, encargada de operar las centrales nucleares del país, atravesó en los últimos años una etapa de fuerte inestabilidad institucional, con recambios en la conducción y tensiones políticas.
Apertura al capital privado y redefinición del sector
En paralelo a la extensión de vida de Atucha I, el Gobierno avanza en un proceso de reorganización más amplio del sector nuclear. En ese marco, Ramos Nápoli anticipó que hacia el último trimestre del año se lanzará una licitación para vender el 44% del capital de Nucleoeléctrica.
La iniciativa forma parte de una estrategia orientada a atraer inversiones privadas y mejorar la eficiencia operativa del sector, en línea con otras reformas impulsadas en el ámbito energético. El objetivo oficial es combinar financiamiento estatal con capital privado para sostener proyectos de alta inversión como los nucleares, que requieren horizontes de largo plazo.
Un activo clave con más de 50 años de historia
Ubicada en Lima, provincia de Buenos Aires, Atucha I fue inaugurada en 1974 durante la presidencia de Juan Domingo Perón, convirtiéndose en la primera central nuclear de América Latina.
Con una potencia instalada de 362 MW y tecnología de reactor de agua pesada presurizada (PHWR), la planta ha sido durante décadas una fuente confiable de generación eléctrica, aportando energía de base al sistema argentino.
Su reactivación no solo permitirá extender su vida útil, sino también reforzar el rol de la energía nuclear en una matriz que busca diversificarse frente a los desafíos globales. En un escenario de precios internacionales volátiles y presión sobre los combustibles fósiles, el Gobierno apuesta a este tipo de activos para ganar previsibilidad en el abastecimiento energético.
La puesta en marcha de Atucha I hacia 2027 se inscribe en un momento donde la Argentina necesita consolidar inversiones en infraestructura energética para sostener el crecimiento y mejorar su perfil exportador.
En ese contexto, el desafío no será solo completar la obra en tiempo y forma, sino también generar condiciones de estabilidad regulatoria y financiera que permitan atraer capital a un sector históricamente dependiente del Estado. La energía nuclear, por su escala y complejidad, vuelve a quedar en el centro de esa discusión.









