Por Tomás Barletta-vecino limeño
Cada 24 de junio los limeños celebramos un nuevo aniversario del trazado urbano de nuestra ciudad. Son 138 años de historia, de trabajo y de esfuerzo colectivo.
Pero también son 138 años que nos obligan a reflexionar sobre el futuro.
Si algo demuestra la historia de Lima es que gran parte de sus avances nunca fueron regalos. Fueron conquistas. Fueron el resultado de vecinos comprometidos, instituciones fuertes y una comunidad que siempre encontró la manera de organizarse para defender sus intereses y empujar su crecimiento.
Experiencias como JICRELI y el trabajo que hoy continúa APAL son parte de esa historia. Como también lo fue el reconocimiento que convirtió oficialmente a Lima en Ciudad, una conquista lograda después de ocho intentos frustrados y que finalmente pudo concretarse gracias a una iniciativa impulsada por Agustina Propato.
Sin embargo, todavía queda una pregunta pendiente.
¿El crecimiento de Lima estuvo acompañado por la misma decisión política que permitió sostener ese crecimiento?
Porque mientras nuestra ciudad se consolidaba como un punto estratégico para la producción, el desarrollo tecnológico y la soberanía energética de la Argentina, muchas veces la inversión pública, la planificación y las decisiones políticas no avanzaron al mismo ritmo.
Por eso son importantes los avances vinculados a la autonomía administrativa, como la consolidación de una delegación de IOMA y una sede independiente del Registro Provincial de las Personas. Son herramientas que acercan derechos y fortalecen la presencia del Estado en la ciudad.
Pero también corresponde decir algo que muchas veces se omite. Gran parte de las obras, mejoras e intervenciones que llegaron a Lima durante los últimos años fueron posibles gracias al aporte de Nucleoeléctrica Argentina. No reconocerlo sería faltar a la verdad. Mientras algunos intentan presentar esos avances como resultado exclusivo de la gestión municipal, lo cierto es que buena parte de ellos fueron financiados o impulsados por la empresa que convive con nuestra comunidad desde hace décadas y que comprende que su presencia implica también una responsabilidad con el territorio donde desarrolla sus actividades.
Que nadie se equivoque: las obras son necesarias, son importantes y benefician a los vecinos, pero una cosa es gestionar y otra muy distinta es apropiarse de logros cuya principal explicación está en el compromiso que Nucleoeléctrica mantiene con Lima.
Al mismo tiempo, seguimos viendo cómo servicios que alguna vez formaron parte de la vida cotidiana de los limeños desaparecieron sin que existiera una estrategia clara para recuperarlos. El Banco Provincia y el Correo Argentino son ejemplos concretos de ello.
Tengo 29 años. Pertenezco a una generación que creció escuchando hablar del enorme potencial de Lima. Hoy nos toca asumir una responsabilidad distinta: transformar esa expectativa en un proyecto de futuro.
Lima necesita más infraestructura, más servicios, más inversión pública y más capacidad para decidir sobre su propio destino.
Porque Lima ha dado mucho más de lo que ha recibido.
Y quizás el desafío de nuestra generación consista, precisamente, en construir un proyecto capaz de darle a Lima el lugar que merece, acompañando su crecimiento, defendiendo sus intereses y trabajando para que el futuro de nuestra ciudad esté finalmente a la altura de su historia.











