COLUMNA DE OPINIÓN:
Por Eduardo Rivas -principedelmanicomio.ar
Publicar la información es cumplir la ley. No confundir con transparencia.
Hay una escena que se repite en la política argentina con la puntualidad de un reloj barato. El funcionario de turno encuentra un informe técnico, lo levanta con ambas manos, y sale corriendo a las redes a proclamar que todo está bien. Que todo está bárbaro. Que él, justamente él, es el campeón de algo.
Esta semana le tocó a Marcelo Matzkin. El informe en cuestión es el Nº 28 sobre Información Fiscal Municipal de la ASAP, elaborado por la Asociación Argentina de Presupuesto y Administración Financiera Pública. Y el posteo decía: ‘ESTÁ VEZ SI. TRANSPARENCIA AL 100%’.
Con la tilde en el lugar equivocado. Error ortográfico pero la euforia, en el lugar más conveniente.
¿Qué mide realmente el informe ASAP?
Antes de seguir, conviene aclarar algo que el propio Matzkin prefirió no aclarar. La ASAP, en el mismo documento que el Intendente agitó triunfalmente, explica con toda precisión qué es lo que mide:
‘La ASAP realiza semestralmente un monitoreo y verificación en sitios web oficiales de los municipios bonaerenses, de la divulgación que realizan dichas jurisdicciones de sus cuentas públicas, así como del fácil acceso a tales datos, y por lo tanto de la facilitación del seguimiento y evaluación de la información fiscal y presupuestaria.’
Léase bien. Lo que mide el informe es si cierta información está publicada en la página web del municipio y si esa información es fácil de encontrar. No mide transparencia.
Lo que mide el informe (y lo que oculta)
El informe ASAP tiene una metodología clara: evalúa si el municipio publica en su web los documentos que la Ley de Responsabilidad Fiscal y la Ley Orgánica de Municipalidades exigen publicar. Presupuesto, ejecución, deuda. Nada más. Obtener 100 puntos significa, exactamente, haber cumplido con esas obligaciones legales.
No es un premio. No es una distinción honorífica. Es la verificación de que alguien hizo lo que la ley le manda hacer.
Y acá viene lo que no aparece en el posteo de Matzkin: la ley exige publicar cierta información, pero no toda la información relevante. Lo que el Municipio publica es lo mínimo que debe publicar. Lo que no publica, porque no está obligado legalmente o porque simplemente elige no hacerlo, no entra en el puntaje. El informe mide cumplimiento de mínimos, no apertura real. La foto que muestra es parcial por diseño.
Dicho de otro modo: podés tener 100 puntos en el informe ASAP y al mismo tiempo no publicar los contratos de obra pública, no mostrar los convenios con terceros, no informar qué pasó con los programas sociales que ejecutaron cero pesos, no publicar la lista de proveedores, no mostrar cuánto y a quiénes le debe el Municipio. Todo eso queda afuera del radar. Y lo que queda afuera del radar no existe en la narrativa oficial.
Cumplir la ley no es ser transparente
Acá está el nudo del problema, y vale la pena desenredarlo despacio.
Cumplir la ley es una obligación. No es una virtud. No cumplirla sería, directamente, ilegal. Que Zárate esté del lado correcto de esa línea no es un logro político: es lo mínimo exigible. Es el piso. No el techo.
Y como cantaba Jarabe de Palo: ‘de según como se mire, todo depende’. Desde el ángulo de Matzkin, subir los documentos requeridos al portal web equivale a transparencia total. Desde el ángulo de los vecinos de Zárate, la rendición de cuentas es un dibujo: los programas sociales con ejecución cero, los comedores sin asistencia documentada, el agua sin análisis bacteriológicos publicados. Todo eso existe. Solo que no aparece en el informe ASAP porque nadie preguntó por eso.
La transparencia real no se mide contando PDFs. Se mide por la calidad y completitud de la información disponible, por la posibilidad real de los ciudadanos de entender qué hace el gobierno con sus recursos, y, fundamentalmente, por la disposición del gobierno a responder cuando alguien pregunta cosas incómodas. Eso no tiene puntaje en ningún informe semestral.
El Intendente que superó a Cáffaro subiendo un PDF
Hay un contexto que Matzkin no menciona pero que flota en el aire: la comparación implícita con su antecesor. El subtexto del posteo es claro: Cáffaro no era transparente. Yo sí. Y en eso hay algo de verdad: el gobierno anterior escondía todo. Este esconde gran parte.
Pero hay un problema con ese argumento. Que tu antecesor no cumpliera la ley no te convierte en transparente por el simple hecho de cumplirla. La vara de Matzkin no puede ser tan baja. Si el punto de comparación es con quien no hacía lo mínimo, entonces cualquier cosa que hagas por encima de eso parece extraordinaria. Y no lo es.
No es la primera vez que este gobierno convierte una formalidad legal en una virtud cívica.
La información que muestran vs. la información que importa
El informe ASAP verifica la publicación de presupuesto, ejecución presupuestaria y deuda pública. Esos tres ítems. Solo esos tres.
Lo que no verifica, porque no es su objeto, es todo lo demás. No verifica si se publican los contratos con proveedores. No verifica si se publican los convenios con organizaciones. No verifica si se informa el estado de ejecución de los programas sociales. No verifica si hay datos abiertos reales o apenas documentos escaneados difíciles de procesar. No verifica si hay un canal efectivo para que los ciudadanos hagan preguntas y obtengan respuestas.
Como señalamos en La Rendición de Cuentas es un dibujo, la Municipalidad de Zárate tiene práctica en producir documentos impecablemente formateados con contenido que nadie analiza públicamente. El sistema R.A.F.A.M. existe, aunque con acceso restringido para muchos funcionarios, incluidos muchos concejales (que se sienten muy cómodos con ello). Los ceros en los programas también. Los concejales que leen eso y preguntan por qué, hasta ahora, no aparecen.
Eso no es transparencia. Es información disponible sin interlocutor que la exija.
Veredicto: ENGAÑOSO
Siguiendo el Método de verificación del discurso público de Chequeado, la afirmación de Matzkin queda clasificada como ENGAÑOSA por razones concretas:
Primera: El informe ASAP no mide transparencia en sentido amplio. Mide disponibilidad de información presupuestaria mínima en sitios web oficiales. La propia institución lo aclara en su metodología. Matzkin lo presentó como si fuera otra cosa.
Segunda: Obtener 100 puntos significa haber cumplido con la Ley de Responsabilidad Fiscal y la Ley Orgánica de Municipalidades. Lo que Matzkin festeja como logro extraordinario es, en términos jurídicos, lo que cualquier municipio está obligado a hacer.
Tercera: La información que publica el municipio, y que el informe verifica, es solo la que la ley exige publicar. Lo que la ley no exige, el municipio puede no publicarlo sin perder un solo punto. El 100% del informe es cumplimiento del mínimo legal, no apertura total de la información pública.
Zárate cumplió la ley, en lo que a publicación corresponde. Eso está bien. Es lo que corresponde. Lo que no corresponde es venderle a los vecinos el cumplimiento de una obligación legal como si fuera un acto de generosidad institucional.
La transparencia no es un PDF. No es un posteo en mayúsculas. No es un índice de 100 puntos construido sobre tres variables. La transparencia es que alguien explique por qué los comedores no funcionaron, por qué el agua no se analizó, por qué no se realizó bacheo, por qué no se puede acceder a toda la información.
Eso no está en el informe ASAP. Y tampoco en el X de Matzkin.
La palabra de Matzkin es engañosa… y no solo por este caso.
Menos de dos años después, Carriego está detonada de nuevo. No un poco deteriorada. Detonada. Como si el deficiente asfaltado hubiera tenido pronta fecha de vencimiento incorporada en la mezcla. Basta con ver el video para entenderlo: no hace falta ser ingeniero vial, alcanza con tener ojos.
La gente que camina esas calles
Podríamos quedarnos en el análisis técnico, en los números, en el contraste entre lo prometido y lo ejecutado. Pero la verdad es que detrás de todo eso hay algo más concreto y más humano. Hay un vecino del Barrio Cementerio que sortea el pozo de España todos los días para llevar a su hijo a la escuela. Hay alguien que pincha una rueda en Carriego y llega tarde al trabajo. Hay una persona mayor que cruza con cuidado sobre ese desnivel en la boca de pluviales porque no quiere caerse.
Eso no aparece en la planilla de rendición de cuentas. Pero está.
Detrás de los ceros, está la gente.
Y esa gente, cada vez más, tiene acceso a un video, a una foto, a un artículo que muestra la distancia entre lo que se prometió y lo que existe. La realidad, por suerte o por desgracia según desde dónde se la mire, es difícil de editar.














