La otra cara de la historia: La experiencia de convivir con la comunidad Guarpe – Parte II

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En esta sección, “Relatos Andantes”, compartimos la vivencia de Julián. Un zarateño que recorre el país en busca de historias autóctonas que no están escritos en libros o en los casos donde aparecen figuran cambiadas a la realidad propia. En esta segunda parte continuamos conociendo su vivencia con la comunidad Guarpe. 

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Los Guarpes se guían por un calendario cuyas etapas se basan en los cuatro elementos naturales: aire, tierra, agua y fuego. Mi llegada coincidía con la finalización del momento tierra y la comunidad se preparaba para la realización de la ceremonia del agua.

El año finaliza aproximadamente en agosto, de acuerdo a la posición del sol y la luna. La llegada del nuevo período se llama “tautau”.

Ya hacía tres días que me encontraba en aquel sitio, en el que se escucha el sonido del silencio, a veces interrumpido por el canto de las cotorras argentinas que construyen grandes nidos espinosos sobre las ramas de los árboles más altos del lugar. En aquella zona, se las llama “cata”.

Me despertaba temprano, a veces antes de la salida del sol. Buscaba algo de leña para calentar el agua que servía para el desayuno que compartía con el Omta y su madre, a quien me habían presentado pocas horas después de haber llegado.

La mujer llamada Yeyenta (madre tierra), no hacía mucho había cumplido cien años. Delgada, de estatura mediana y cabellos lacios y blancos, gozaba de gran lucidez a la hora de hablar. Al pasar las horas, noté que su jerarquía era la más elevada de la comunidad. Ante cualquier duda o toma de decisiones, se la consultaba. Era evidente su sabiduría. Solía otorgarme su bendición al iniciar el día. 

Acompañaba cada mañana a Pachayk a los corrales, donde lo observaba con admiración cuando sostenía con fuerza a las cabras, logrando que los chivatos pudieran beber algo de leche. Luego ordeñaba al resto, para finalmente abrir las puertas, dejando que los animales recorrieran largas distancias para la necesaria pastura hasta el atardecer, cuando regresaban al sitio de partida.

La leche de cabra era trasladada a la casa para el consumo humano. Fui invitado a probarla. De hecho, dedicados a la medicina natural, sostienen que beber leche de cabra durante siete días en ayuno y en ese lugar es un tratamiento que mejora la salud, y vaya que lo comprobé. En pocos días sentí una gran diferencia en mis articulaciones y visión.

Un día antes de la ceremonia que coincidía con la luna llena (momento indispensable para que la fuerza se manifieste, me contaba Pachayk), caminamos una vez más hacia el río seco que divide Mendoza y San Juan. El recorrido tiene una distancia de dos kilómetros aproximadamente por el camino arenoso y custodiado por los ya mencionados árboles. Allí nos esperaban mujeres, hombres, niños y niñas de la comunidad, dispuestos a ayudar con el armado de nuevos “portales” de junquillos y espacios para hacer fogatas y otros para la acumulación de agua.  Yo no dejaba de disfrutar de aquellos momentos en los que solo se hablaba de detalles y anécdotas que me brindaban mayor conocimiento respecto a la historia Guarpe. Todo se desarrollaba en total armonía.

La noche anterior a la ceremonia, noté que Pachayk no era el mismo que yo conocía. Una vez más me pregunto: ¿Cómo encontrar palabras para describir aquel suceso? Su mirada se veía más profunda y su voz sonaba firme. No lo vi sonreír, tan solo hablaba del legado histórico que le transmitieron sus ancestros. Quienes lo rodeábamos en ese momento, estábamos en silencio escuchando sus profundas palabras llenas de sabiduría. Sin dudas, se acercaba un momento más que importante para la comunidad, pensaba yo.

La gastronomía también cumplía una parte significativa. Compartir es una práctica primaria en la comunidad, tal cual había experimentado en Salta. En una mesa rectangular de madera, ayudé al armado de empanadas (pasteles las llaman en aquella zona) y pan casero que luego se cocinaron en el horno de adobe fabricado en el exterior. Mientras tanto, Pachayk preparaba el fuego para la cocción de la carne de cabra. Todo aquello se serviría a los invitados un día después.

Al finalizar el día, todo estaba listo para la reunión sagrada. No imaginaba siquiera lo que experimentaría horas después en aquel remoto sitio donde las venas de nuestra tierra huelen a Guarpe.

Continuará..

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