Columna: por Prof. Jorge Cirio
La nueva cultura habilita la idea de que no es el pasado sino el futuro que condiciona el presente. La Inteligencia Artificial, los cambios tecnológicos, los modelos generativos, la robótica, impactan mucho más y son más importantes, que las instituciones, en forma general, y que los partidos políticos y los sindicatos, de manera particular.
Mientras tanto, y por suerte, el progresismo sigue defendiendo los Derechos Humanos, los derechos individuales, el rol activo del Estado, como regulador de las desigualdades sociales. Todos, fundamentos de la Democracia Social. Pero también ese pensamiento progresista sigue aferrado a formas y conceptos que perdieron vigencia, mirando hacia atrás, sin entender lo nuevo. He ahí que amplios sectores desposeídos no apoyan esas ideas, que justamente están pensadas para favorecer a esos grupos sociales.
Los tiempos han cambiado. Deben preguntarse los sectores progresistas, entre los que me incluyo: ¿por qué los jóvenes mayoritariamente cambiarían la forma de vida democrática por un trabajo o por una vivienda? ¿Por qué los pobres votan a las derechas y a las ultraderechas? Porque quieren soluciones, que el progresismo dejó de darles; no quieren meras palabras ni promesas incumplidas… quieren hechos concretos que den solución a sus vidas.
Así dadas las cosas, la Nueva Derecha construye el relato. Y si ese relato resultó exitoso para llegar al poder, primero y para mantenerse en él, después, entonces ese relato, es verdadero. He ahí la perversidad del nuevo poder, que no tiene piedad ni compasión con nadie, ni capacidad de diálogo. Lamentablemente esto no es visto por los políticos que atrasan, que se quedaron en el siglo anterior.
El Orden del mundo está cambiando; aquéllos que una década atrás eran pequeños grupos aislados, hoy han alcanzado el Poder y son el Presente y probablemente, el Futuro.
El Nihilismo ha ganado, ya no hay manera de establecer la verdad; ninguna verdad es operativa porque no hay proyecto político que transforme la realidad. Esto ha generado la despolitización y la deshistorización para muchas personas a las cuales, las argumentaciones referidas a la Historia no les dicen absolutamente NADA.
Todo esto lleva a la desconfianza en el Estado. Y si a eso le sumamos la promesa acerca de que no se va a gastar dinero para los “vagos”, en salud, educación, discapacidad, obras públicas, y que después, en definitiva, no se va a gastar dinero en NADIE, el triunfo y el mantenimiento de las derechas o ultraderechas anarcocapitalistas en el poder, será perdurable en el tiempo.










