Por Eduardo Rivas: principedelmanicomio.ar

🗓️ Lo que se viene el 15 de marzo y lo que viene después

El próximo domingo hay elecciones internas en el Justicialismo local, y lo que formalmente es un asunto de afiliados termina siendo, en la práctica, un asunto de todos.

No es exageración. Es geometría política básica.

¿Por qué le importa esto a quien no es peronista? 🤔

Buena pregunta. Y tiene una respuesta que, aunque incómoda para algunos, es bastante sencilla.

En Zárate, el peronismo sigue siendo la fuerza política con mayor caudal electoral histórico del distrito. Eso no es una opinión: es un dato. Y los datos, por más que les pese a quienes prefieren ignorarlos, tienen la mala costumbre de no desaparecer por decreto. Un partido con ese peso específico en el tablero local no es un actor secundario, lo quiera o no, lo asuma o no.

Dicho de otro modo: lo que el PJ zarateño decida ser condiciona, directa o indirectamente, el escenario político del distrito. Para bien o para mal. Para todos. 

El escenario A: Almirón conduce, el PJ se para de manos 🥊

Si el triunfo es de Ana María Almirón y del sector referenciado en Agustina Propato, el tablero local sufre una transformación que merece ser tomada en serio.

Un PJ con conducción genuinamente opositora no es un detalle menor en un distrito que lleva años sin una alternativa real de poder. Alternativa, vale recordarlo, no es lo mismo que alternancia: una es oferta política concreta, la otra es apenas rotación de sellos. Zárate ha tenido mucho de lo segundo y muy poco de lo primero.

Una Almirón presidiendo el PJ local significa, en términos prácticos, un partido que deja de mirar de reojo al oficialismo esperando que le tiren algún hueso. Significa, o debería significar, un espacio que construye agenda propia, que instala debates que el municipio preferiría no tener, que le complica la vida al poder de turno de manera sistemática y no sólo cuando el calendario electoral lo aconseja.

¿Garantía de nada? Por supuesto que no. En política local las garantías valen lo que el papel en que se escriben. Pero al menos representa una oportunidad: la de que el peronismo zarateño deje de ser la escribanía del statu quo y empiece a comportarse como lo que siempre dice que quiere ser.

Para los zarateños no peronistas, esto también importa. Una oposición robusta, con identidad clara y estrategia propia, es condición necesaria, aunque no suficiente, para que la democracia local funcione como algo más que una sucesión ordenada de presupuestos aprobados sin debate.

El escenario B: Matilla continúa, el PJ se sienta a esperar 🛋️

Si la conducción queda en manos de Leandro Matilla y del sector de Abel Furlán, el pronóstico es distinto. No catastrófico, pero distinto.

Un PJ con ese perfil es un PJ que se mueve con comodidad en los márgenes del poder. Que sabe negociar, que evita confrontaciones innecesarias y también, en ocasiones, las necesarias, que prefiere el acuerdo al conflicto incluso cuando el conflicto sería lo políticamente honesto. Eso tiene un nombre que algunos usan como elogio y otros como crítica: pragmatismo.

El problema del pragmatismo sin brújula es que termina siendo funcional a quien tenga el poder de turno. Y en Zárate, quien tiene el poder de turno es un oficialismo que ha demostrado sobradamente su preferencia por una oposición dócil, cómoda, que firme cuando corresponde y que levante la voz sólo en los actos partidarios.

En este escenario, el PJ no desaparece del mapa. Sigue teniendo concejales, sigue teniendo estructura, sigue teniendo afiliados. Pero su aporte al sistema político local es el de un actor que modera tensiones sin resolverlas, que administra la incomodidad sin traducirla en alternativa real. En el mejor de los casos, un freno parcial a los excesos del poder. En el peor, un aval con otro color de remera.

Para los zarateños, esto se traduce en un escenario donde la oferta política sigue siendo estrecha. Donde quien no se siente representado por el oficialismo tampoco encuentra dónde pararse con convicción. Donde la pregunta ‘¿y yo a quién voto?’ seguirá sin una respuesta que entusiasme.

 Lo que une a los dos escenarios 🔗

Hay algo que comparten ambos resultados posibles y que conviene no perder de vista: ninguno resuelve, por sí solo, el problema de fondo del peronismo zarateño.

Porque el problema de fondo no es quién preside el partido. El problema de fondo es qué hace ese partido con la conducción que tiene. Y eso, la construcción cotidiana de identidad, de agenda, de cuadros, de propuesta, no lo resuelve una interna. Lo resuelve el trabajo cotidiano. El que se hace o no se hace, según quién esté a cargo y qué haya entendido de su propia responsabilidad política.

Lo que sí define la interna es el punto de partida. Y los puntos de partida importan: no determinan el destino, pero sí condicionan el camino. 

Lo que el resto de los zarateños debería saber 📋

El peronismo zarateño eligirá este domingo. No eligió intendente, no eligió concejales, no eligió gobernador. Eligió quién conduce el partido que, en 2027, competirá por esos cargos. Y esa elección, aparentemente doméstica, tiene consecuencias que exceden con comodidad los límites de la Unidad Básica más cercana.

Zárate necesita una oposición que funcione. No de adorno, no de catálogo, no de fotografías en actos. Una oposición que investigue, que proponga, que incomode, que represente a quienes el poder ignora. Eso no es un deseo caprichoso: es la condición mínima para que la política local sea algo más que la gestión de los mismos intereses con distintos apellidos.

Si el PJ zarateño entiende eso la interna habrá servido para algo. Si no lo entiende, habrá sido, como tantas otras cosas en esta ciudad, mucho ruido para nada.