Columna de Opinión: por Prof. Jorge Cirio

El miedo siempre es la antesala de otra cosa. El miedo como inhibidor, hace que retrocedan los derechos. El miedo a perder el empleo, “el ejército de desocupados”, hace que los salarios bajen, el consumo caiga y que se sigan perdiendo puestos de trabajo. El artículo 14 Bis es cada vez más una utopía política, los derechos de los trabajadores tienden a desaparecer.

La locura y la lucidez, la fealdad y la belleza, lo falso y lo verdadero, conviven en el abanico de la experiencia y la memoria, hacen que la verdad sea solo conocida por quien la ha vivido. La Historia como ciencia ha perdido, a las personas en su gran mayoría, fundamentalmente las nuevas generaciones, ya no les interesa lo acontecido, no hay manera de contar lo que otro no ha visto, todas las historias, así, se vuelven mentira.

La decadencia de las instituciones, la mutación de la democracia hacia formas nuevas de dominación en la era de la posverdad, conducen a la aparición de líderes populistas autoritarios, caracterizados por un estilo agresivo e impulsivo que desafían a las élites tradicionales, que se destacan por su comunicación directa, carismática, que son capaces de conectar emocionalmente con sus seguidores.

La desconfianza en las instituciones, la falta de credibilidad en la democracia, lleva consigo la necesidad de la aparición de nuevos líderes. Estamos en la era de los políticos clown, estos han perfeccionado la mezcla entre la pose idealista, el histrionismo y el absurdo, lo que los vuelve inmunes a la crítica convencional. La estrategia del político que se vuelve bufón, evidencia la confusión del discurso político, al instalarse en el doble filo: parodia y credo; broma y dogma. Así establecen un nuevo tipo de autoridad, en un mundo donde el poder ya es parodia y la realidad se vuelve más difícil de modificar.

Un Presidente que primero fue paria, luego un loco, luego un peligro, luego un agitador, luego un héroe y ahora un negociador. En realidad un Presidente que tuvo como objetivo, la misión de ser el redentor que viene a liberar al pueblo de la opresión de los políticos de la casta.

El miedo como inhibidor hace que neguemos la realidad; los narcos no abandonan los barrios, la movilización social aparece planchada, disminuyó la inflación pero aumentó la desocupación y se precarizó el empleo, el que puede sigue aferrado a los dólares. Lo que parece distinto es igual a otros momentos, el dólar baja, los que pueden viajan al exterior y como en la vieja película: la plata dulce y deme dos.

El miedo siempre es la antesala de otra cosa, y esa cosa, ojalá me equivoque, nos llevará en algún momento a repetir la Historia: “Primero como tragedia y después como farsa.”