Marcelo “Patón” Torres: cuando el relato no alcanza para gobernar

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EDITORIAL: DeltaCom

En política, los desembarcos suelen venir cargados de expectativas. Y el de Marcelo “Patón” Torres en Zárate no fue la excepción. Licenciado en Comunicación Social, con recorrido legislativo como diputado provincial y experiencia en distintos espacios políticos, su llegada al Ejecutivo municipal como Secretario de Gobierno prometía algo clave en tiempos de turbulencia: conducción.

Pero gobernar no es relatar. Y ahí empieza el problema.
Torres llegó a Zárate en 2015, con el envión del entonces Frente para la Victoria, dos años mas tarde, se uniría a Randazzo. Tiempo después, recalculó hacia el Frente Renovador, ocupó una banca como concejal y también tuvo paso por el Ministerio de Transporte. Un camino zigzagueante —como tantos en la política argentina— que a fines de 2025 encontró nuevo destino en las filas libertarias, de la mano del intendente Marcelo Matzkin. Hasta ahí, una biografía política adaptable a los tiempos. Oportunista para algunos, pragmática para otros.

Ahora bien, la pregunta no es de dónde viene, sino qué está haciendo.
La Secretaría de Gobierno no es un área menor: es, en términos prácticos, el corazón político de la gestión. Es donde se ordena, se articula, se decide y, sobre todo, se comunica. Y es precisamente ahí donde el “Patón” parece haber perdido el partido.
Quienes lo vieron asumir creyeron que iba a poner orden, que iba a tomar el timón de un barco que ya mostraba signos de deriva. Sin embargo, con el correr de los meses, la sensación predominante es otra: la Secretaría le quedó grande. No por falta de currículum, sino por falta de ejecución.

El episodio del Sistema Integral de Transporte (SIT) fue, quizás, el punto de inflexión más evidente. Un anuncio sobre cambios en el recorrido que generó preocupación e incertidumbre en miles de usuarios. Una noticia que corrió rápido —como suelen hacerlo las malas noticias— y que impactó de lleno en la vida cotidiana de los vecinos. Pero lo más llamativo no fue el anuncio en sí, sino lo que vino después: el desmentido.

El propio Jefe de Gabinete, Juan Novelli, salió a contradecir la información. Y ahí se abrió un interrogante que, hasta hoy, sigue sin respuesta: ¿quién tomó la decisión? ¿Quién la comunicó? ¿Quién se hizo cargo del error?. En política, el vacío de explicación suele ser más dañino que el error mismo. Porque deja expuesta una gestión desordenada, sin líneas claras de mando.

Y no es un hecho aislado. En áreas sensibles que dependen de la Secretaría de Gobierno —como comercio o nocturnidad— la constante parece ser la misma: indefinición. Falta de criterios claros, ausencia de dirección política y, sobre todo, una comunicación errática.
Paradójico, si se tiene en cuenta el perfil del funcionario.

Porque si algo se esperaba de un comunicador era precisamente eso: comunicación. No solo hablar, sino explicar. No solo anunciar, sino sostener. No solo aparecer, sino ordenar el mensaje. Pero hoy, la percepción que queda flotando es otra: el comunicador no comunica. O, peor aún, comunica mal.

Y en gestión pública, comunicar mal no es un detalle menor. Es generar incertidumbre. Es afectar la confianza. Es, en definitiva, gobernar a medias. Tal vez el problema no sea ideológico —Torres ha demostrado que puede adaptarse a distintos espacios sin mayores conflictos— sino operativo. La política no es solo narrativa; es gestión, coordinación y toma de decisiones. Y en ese terreno, el margen para la improvisación es mínimo.

En Zárate, mientras tanto, los vecinos no esperan relatos. Esperan respuestas. Porque al final del día, no importa bajo qué bandera se llegó al cargo. Lo que importa es qué se hace con él. Y por ahora, la sensación es que el “Patón” todavía no encontró el rumbo. O peor: que el barco sigue a la deriva… y sin nadie en el puente de mando.

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