Columna de Opinión: Por Laura Breglia
En los últimos meses, Zárate ha sido testigo de una escalada de violencia que no solo sacude las calles, sino que expone las fisuras profundas en la gestión municipal. A fines de 2025, un tiroteo en plena tarde a solo una cuadra de la Municipalidad nos recordó que la inseguridad no respeta horarios ni proximidades al poder. Este año, la ciudad sumó un apuñalamiento fatal tras una discusión en el Barrio El Gauchito, heridos en un tiroteo durante una fiesta clandestina en La Florida , y, más recientemente, el asesinato de un vecino a las 21 horas de un domingo en una estación de servicio YPF, rodeada de cámaras que capturaron el horror en tiempo real. Estos no son incidentes aislados; son síntomas de una ciudad donde las armas circulan libremente y la justicia por mano propia parece ser la norma, ante la aparente pasividad de las autoridades locales.
La pregunta que surge, inevitable y punzante, es: ¿cuál es la postura real del Municipio de Zárate y su intendente, Marcelo Matzkin, frente a esta ola de violencia prevenible? Matzkin, quien asumió el cargo prometiendo un abordaje integral a la seguridad, ha optado por respuestas reactivas y selectivas que dejan en evidencia una falta de visión estratégica.
Tomemos como ejemplo el último fin de semana: una pelea callejera que inició en un local nocturno derivó en la clausura unilateral del establecimiento por parte del intendente. Una medida drástica, sí, pero que plantea un doble estándar alarmante. ¿Acaso el intendente planea ahora clausurar la estación de servicio YPF donde un hombre fue acribillado a seis balazos por conflictos intrafamiliares, frente a su propia hija? O, peor aún, ¿cerrará las calles enteras de barrios como La Florida o El Gauchito, donde la violencia se ha enquistado sin que se vea un plan preventivo efectivo?.
Esta comparación no es mera retórica; revela una gestión que prioriza la visibilidad inmediata sobre el tratamiento de las raíces del problema. Desde una perspectiva política, Matzkin –un intendente que ha enfrentado críticas por un “gobierno malo” marcado por el aumento de tasas sin obras visibles, abandono ambiental y falta de planificación – parece optar por acciones simbólicas que no abordan el núcleo de la inseguridad.
Anuncios como la firma de decretos para destinar fondos a nuevos móviles policiales suenan bien en las redes sociales, pero contrastan con la realidad: un distrito donde los robos violentos en el Gran Buenos Aires han aumentado más del 500% en la última década , y donde hechos como el robo armado en el Banco Santander o golpizas a adolescentes en el centro se multiplican sin una respuesta sistémica. ¿Dónde está el mapa del delito local que el secretario de Seguridad, Juan Manuel Iglesias, prometió analizar junto al intendente? ¿Por qué, en un contexto nacional de reducción de homicidios, Zárate parece ir a contramano, con un 20% de aumento en incidentes de seguridad a nivel país que se filtra hacia el interior?.
Profundicemos en el análisis: la proliferación de armas en Zárate no es casualidad. Estos hechos demuestran que los ciudadanos están armados y dispuestos a “hacer justicia” por mano propia, un fenómeno que interpela directamente al fracaso del sistema judicial y de prevención. ¿Es que no encuentran justicia real en las instituciones, o simplemente gozan de una libertad implícita para portar armas y resolver disputas con balas? En Zárate, esta dinámica se agrava por factores socioeconómicos ignorados: desempleo, falta de oportunidades juveniles, consumo de drogas y un control laxo sobre la nocturnidad en cuanto a las fiestas clandestinas.
Políticamente, esta inacción pone en jaque a la intendencia de Matzkin, quien ha sido acusado de estar “alejado” de las necesidades vecinales y de priorizar el “ahogo” presupuestario sobre inversiones reales en seguridad . Su defensa de avances en agua y calles choca con las críticas de la comunidad educativa y vecinos por la “creciente ola de inseguridad” . ¿Seguirá el intendente con clausuras relámpago, o finalmente convocará a un consejo multisectorial para desarmar las raíces del problema: reforzar la justicia local, implementar programas de mediación comunitaria y controlar el porte ilegal de armas? Zárate no necesita más parches; necesita una gestión que entienda que la seguridad no es un decreto, sino un compromiso político con la vida de sus habitantes. Claramente, anunciar la “Emergencia en seguridad”, no alcanza.
Es hora de que el Municipio pase de la retórica a la acción profunda. De lo contrario, los tiroteos no serán solo noticias; serán el legado de una administración que prefirió clausurar locales en lugar de abrir caminos a la paz.










